¿Cuántas
veces hemos escuchado que en el mundo globalizado la gente pobre no tiene
lugar?
La
gente pobre tiene su lugar, estratégico y marginal pero lo tiene, sin
embargo... ¿la gente feliz sigue teniendo un lugar? ¿Queda espacio para nuestra
felicidad?
No es
cuestión de dinero... las personas pobres preocupadas cada día por su
subsistencia, la gente rica buscando siempre obtener cosas que les generen más
satisfacción, pero al final del día nadie se siente feliz.
En
los sexenios anteriores el gobierno estatal ha atraído una gran cantidad de
empresas extranjeras con el pretexto de mejorar la calidad de vida de los
guanajuatenses pero los resultados no han sido los esperados, se han generado
empleos... Para puestos bajos, malpagados y sobre todo demandantes.
Nos
dicen que debido a tanta competencia y malos augurios para la economía mundial,
no nos queda de otra más que prepararnos y ser "mejores", que nuestro
cuerpo, nuestra mente, nuestra vida ya no son nuestros, no podemos decidir
sobre ellos pues ahora son de quien paga por su uso.
Que
debemos cuantificar todo, no importa que de personas se trate, que la única
manera en que el trabajo sea remunerado es con dinero, que los intereses
personales no importan pues están subordinados a intereses más grandes, que las
personas solo son útiles si están dispuestas a trabajar más, no importa que el sueño y el
siempre necesario ocio sean sacrificados, que no importan las pasiones sino las
aptitudes, y que las personas valen en cuanto sirven.
Los
trabajadores guanajuatenses tienen que hacer largos recorridos en transporte
público hacia sus centros de trabajo, los horarios de comida no les permiten
volver a sus casas, pasan todo el día en las empresas y todo esto, por un
salario mínimo. Cuando salen de sus casas sus familias están dormidas y al
volver corren la misma suerte, el trabajo se convierte en su vida sin dejar
espacio para nada más.
Al
principio los efectos de este estilo de vida parecen imperceptibles pero con el
paso del tiempo nos empezamos a dar cuenta de cómo nos está afectando, el
hambre sigue, la vida social desaparece, la violencia aparece, las familias se
desintegran, poco a poco nos vamos convirtiendo en personas frías,
deshumanizadas, precavidas, solitarias, inseguras, aprovechadas, interesadas, grises,
deshonestas, atemorizadas, indiferentes, conformistas, egoístas, vacías y sobre todo sin capacidad de
sentir.
Y
esto no es todo, sabemos de todos los problemas que existen en la sociedad
guanajuatense, la inseguridad que se vive, la falta de oportunidades laborales
y educativas, la pérdida de nuestras tradiciones, la contaminación que se hace
más grave cada día, la pérdida de agua de ríos y lagos, el alto costo que tiene
la vida, la corrupción presente en todos los espacios.
En
medio de tanta muerte, despojo, preocupaciones, contaminación, miedo, traición,
carencias, ausencias, sufrimientos, estamos todos nosotros. No venimos a
ofrecer soluciones mágicas, vamos a construir la agenda juntos, es necesario
que trabajemos unidos para construir el
Guanajuato que queremos.
Defendamos
la felicidad como una necesidad, necesidad de una vida propia y plena, sin
prisas, en la que usemos las cosas y amemos a las personas que nos rodean, una
vida donde podamos reírnos a carcajadas sin ser acusados de padecer locura, una
vida en la que deliremos de tanta alegría, que seamos capaces de sentir y de
pensar al mismo tiempo, que luchemos por alcanzar nuestros sueños, que volvamos
a disfrutar de las simples y pequeñas cosas, del soplar del aire, el florear de
los árboles, la brisa, los abrazos, el arte, el amor, el baile, la música. Una
vida en la que seamos irreverentes y libres pues sólo así podremos llegar a la
victoria.
Defendamos
la felicidad como un derecho
Pongámosle
nombre a nuestros sueños
Vayamos
construyendo utopía
¡Recuperemos
y propaguemos nuestra alegría!
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