miércoles, 8 de junio de 2016

Discurso/ Dominguez Virgen Alma Paola


¿Cuántas veces hemos escuchado que en el mundo globalizado la gente pobre no tiene lugar?
La gente pobre tiene su lugar, estratégico y marginal pero lo tiene, sin embargo... ¿la gente feliz sigue teniendo un lugar? ¿Queda espacio para nuestra felicidad?
No es cuestión de dinero... las personas pobres preocupadas cada día por su subsistencia, la gente rica buscando siempre obtener cosas que les generen más satisfacción, pero al final del día nadie se siente feliz.

En los sexenios anteriores el gobierno estatal ha atraído una gran cantidad de empresas extranjeras con el pretexto de mejorar la calidad de vida de los guanajuatenses pero los resultados no han sido los esperados, se han generado empleos... Para puestos bajos, malpagados y sobre todo demandantes.

Nos dicen que debido a tanta competencia y malos augurios para la economía mundial, no nos queda de otra más que prepararnos y ser "mejores", que nuestro cuerpo, nuestra mente, nuestra vida ya no son nuestros, no podemos decidir sobre ellos pues ahora son de quien paga por su uso.

Que debemos cuantificar todo, no importa que de personas se trate, que la única manera en que el trabajo sea remunerado es con dinero, que los intereses personales no importan pues están subordinados a intereses más grandes, que las personas solo son útiles si están dispuestas a trabajar más, no importa que el sueño y el siempre necesario ocio sean sacrificados, que no importan las pasiones sino las aptitudes, y que las personas valen en cuanto sirven.

Los trabajadores guanajuatenses tienen que hacer largos recorridos en transporte público hacia sus centros de trabajo, los horarios de comida no les permiten volver a sus casas, pasan todo el día en las empresas y todo esto, por un salario mínimo. Cuando salen de sus casas sus familias están dormidas y al volver corren la misma suerte, el trabajo se convierte en su vida sin dejar espacio para nada más.

Al principio los efectos de este estilo de vida parecen imperceptibles pero con el paso del tiempo nos empezamos a dar cuenta de cómo nos está afectando, el hambre sigue, la vida social desaparece, la violencia aparece, las familias se desintegran, poco a poco nos vamos convirtiendo en personas frías, deshumanizadas, precavidas, solitarias, inseguras, aprovechadas, interesadas, grises, deshonestas, atemorizadas, indiferentes, conformistas, egoístas, vacías y sobre todo sin capacidad de sentir.

Y esto no es todo, sabemos de todos los problemas que existen en la sociedad guanajuatense, la inseguridad que se vive, la falta de oportunidades laborales y educativas, la pérdida de nuestras tradiciones, la contaminación que se hace más grave cada día, la pérdida de agua de ríos y lagos, el alto costo que tiene la vida, la corrupción presente en todos los espacios.

En medio de tanta muerte, despojo, preocupaciones, contaminación, miedo, traición, carencias, ausencias, sufrimientos, estamos todos nosotros. No venimos a ofrecer soluciones mágicas, vamos a construir la agenda juntos, es necesario que  trabajemos unidos para construir el Guanajuato que queremos.

Defendamos la felicidad como una necesidad, necesidad de una vida propia y plena, sin prisas, en la que usemos las cosas y amemos a las personas que nos rodean, una vida donde podamos reírnos a carcajadas sin ser acusados de padecer locura, una vida en la que deliremos de tanta alegría, que seamos capaces de sentir y de pensar al mismo tiempo, que luchemos por alcanzar nuestros sueños, que volvamos a disfrutar de las simples y pequeñas cosas, del soplar del aire, el florear de los árboles, la brisa, los abrazos, el arte, el amor, el baile, la música. Una vida en la que seamos irreverentes y libres pues sólo así podremos llegar a la victoria.

Defendamos la felicidad como un derecho
Pongámosle nombre a nuestros sueños
Vayamos construyendo utopía

¡Recuperemos y propaguemos nuestra alegría!

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